7 de junio de 2015
El
dolor agota. Y mucho. Constante, siempre ahí, consumiendo la poca
energía que te queda. Así es como me siento, ahora que tengo que
afrontar la supuesta última operación; estoy agotada, no puedo más.
Mi tolerancia al dolor a estas alturas es mínimo, y le arrancaría
la cabeza a la pobre enfermera que me va a poner la vía hoy, si
pudiera, pero no puedo, ni siquiera la puedo insultar, no es culpa
suya.
Es
curioso como cambia de la primera operación a la novena que es esta.
Ya juego en nivel PRO. La primera vez estaba acojonada! Literalmente.
Esta vez estoy tranquila, agotada pero tranquila.
Se
me ha escapado un “joder” al ponerme la vía. Me he disculpado
al momento. Jajajjajaajja. Últimamente me pasa, gestiono el dolor
diciendo un taco. Emi, mi querida enfermera ya lo sabe, si digo
“hostia” me ha hecho daño.
Ahora a esperar a entrar a quirófano, es curioso, estás en una sala tumbada en una camilla, con unas pintas que te cagas ( el gorrito verde a conjunto con los patucos son ideales!) pero todo el mundo que pasa por allí te dice algo.
Ahora a esperar a entrar a quirófano, es curioso, estás en una sala tumbada en una camilla, con unas pintas que te cagas ( el gorrito verde a conjunto con los patucos son ideales!) pero todo el mundo que pasa por allí te dice algo.
Ala,
nos vamos para dentro. Como molan los celadores, too fast too
furious, un control absoluto de las camillas. Y ya al frío
quirófano, saludo al cirujano y le cedo mi consciencia al
anestesista. Pica de narices, pero es genial la anestesia total.
Morfeo me atrapa en sus brazos.
Cuando
despierto ( no sé que otro término usar, pero no es el correcto!!
Cabeceo, seria) todo está bien. Una voz (???) me insta a que respire
más profundamente ( veis como no era despertar la más
correcta!!!!). Supongo que no le hago mucho caso, porque al rato me
enchufan el oxigeno. Que más da, yo estoy en los mundos de yupi!
Unos
días ingresada y para casa. La operación ha sido un éxito.
Llega
el momento de mirarme al espejo y verme sin pecho y con una cicatriz
de tres pares de narices. Encima no han utilizado puntos, para evitar
que se vuelva a abrir, y han utilizado grapas, que horror, odio las
grapas.
Me
voy al cuarto de baño sola, siempre lo hago sola, el primer impacto
necesito llevarlo sola. Me levanto la camiseta, y despego la
gasa...... y no hay nada. Un linea va desde mi esternón casi hasta
la axila. Ya no tengo pecho. Se me escapan las lágrimas, es una
mezcla de pérdida y alivio. Me limpio rápido los ojos: “ ya está
Susana, ya está.” Y aunque esas palabras o esa actitud me consuele
en ese momento, no es tan fácil. Me han quitado un pecho, ya no
está, pero sigo sintiendolo ahí, y no, no es el sindrome del
miembro fantasma. Simplemente lo sigo sintiendo, hasta que lo
acaricio, entonces no hay nada. Y es duro, porque la sensibilidad de
la piel de alrededor de la mastectomia tiene la misma sensibilidad de
antes, y si cierro los ojos cuando me acaricio la zona, se en que
parte exacta de mi pecho estoy, o estaría en caso de tenerlo, y lo
añoro, porque era mío, era mi pecho, una parte de mi cuerpo, quizás
la única de la que siempre me he sentido orgullosa, porque ha
amamantado a mis dos hijos, y porque lo queria, porque era mío,
coño.
Y
después de este ataque de rabia, deciros que estoy contenta con la
decisión que he tomado. He sufrido demasiado estos tres meses con el
tema de la reconstrucción, el rechazo, la infección y demás como
para platearme que vale la pena tanto dolor por un pecho.
Soy
una mujer mastectomizada, y aunque suene raro, estoy orgullosa.
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