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miércoles, 5 de agosto de 2015

A por la novena!


7 de junio de 2015



El dolor agota. Y mucho. Constante, siempre ahí, consumiendo la poca energía que te queda. Así es como me siento, ahora que tengo que afrontar la supuesta última operación; estoy agotada, no puedo más. Mi tolerancia al dolor a estas alturas es mínimo, y le arrancaría la cabeza a la pobre enfermera que me va a poner la vía hoy, si pudiera, pero no puedo, ni siquiera la puedo insultar, no es culpa suya.

Es curioso como cambia de la primera operación a la novena que es esta. Ya juego en nivel PRO. La primera vez estaba acojonada! Literalmente. Esta vez estoy tranquila, agotada pero tranquila.

Se me ha escapado un “joder” al ponerme la vía. Me he disculpado al momento. Jajajjajaajja. Últimamente me pasa, gestiono el dolor diciendo un taco. Emi, mi querida enfermera ya lo sabe, si digo “hostia” me ha hecho daño.
Ahora a esperar a entrar a quirófano, es curioso, estás en una sala tumbada en una camilla, con unas pintas que te cagas ( el gorrito verde a conjunto con los patucos son ideales!) pero todo el mundo que pasa por allí te dice algo.

Ala, nos vamos para dentro. Como molan los celadores, too fast too furious, un control absoluto de las camillas. Y ya al frío quirófano, saludo al cirujano y le cedo mi consciencia al anestesista. Pica de narices, pero es genial la anestesia total. Morfeo me atrapa en sus brazos.

Cuando despierto ( no sé que otro término usar, pero no es el correcto!! Cabeceo, seria) todo está bien. Una voz (???) me insta a que respire más profundamente ( veis como no era despertar la más correcta!!!!). Supongo que no le hago mucho caso, porque al rato me enchufan el oxigeno. Que más da, yo estoy en los mundos de yupi!

Unos días ingresada y para casa. La operación ha sido un éxito.
Llega el momento de mirarme al espejo y verme sin pecho y con una cicatriz de tres pares de narices. Encima no han utilizado puntos, para evitar que se vuelva a abrir, y han utilizado grapas, que horror, odio las grapas.
Me voy al cuarto de baño sola, siempre lo hago sola, el primer impacto necesito llevarlo sola. Me levanto la camiseta, y despego la gasa...... y no hay nada. Un linea va desde mi esternón casi hasta la axila. Ya no tengo pecho. Se me escapan las lágrimas, es una mezcla de pérdida y alivio. Me limpio rápido los ojos: “ ya está Susana, ya está.” Y aunque esas palabras o esa actitud me consuele en ese momento, no es tan fácil. Me han quitado un pecho, ya no está, pero sigo sintiendolo ahí, y no, no es el sindrome del miembro fantasma. Simplemente lo sigo sintiendo, hasta que lo acaricio, entonces no hay nada. Y es duro, porque la sensibilidad de la piel de alrededor de la mastectomia tiene la misma sensibilidad de antes, y si cierro los ojos cuando me acaricio la zona, se en que parte exacta de mi pecho estoy, o estaría en caso de tenerlo, y lo añoro, porque era mío, era mi pecho, una parte de mi cuerpo, quizás la única de la que siempre me he sentido orgullosa, porque ha amamantado a mis dos hijos, y porque lo queria, porque era mío, coño.

Y después de este ataque de rabia, deciros que estoy contenta con la decisión que he tomado. He sufrido demasiado estos tres meses con el tema de la reconstrucción, el rechazo, la infección y demás como para platearme que vale la pena tanto dolor por un pecho.

Soy una mujer mastectomizada, y aunque suene raro, estoy orgullosa.

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