Viernes, 4:00 de la madrugada.
Estoy en el sofá de mi casa intentando dormir (es obvio que no lo
estoy consiguiendo), porque a parte de estar hiperactiva por la
quimio, cosa que me sucede últimamente, me he enfadado con mi
marido.
Y ha sido en ese momento, en
ese preciso instante, cuando me he dado cuenta de que tenían razón.
Llevo días, semanas, meses, años oyéndolo, pero no escuchaba. He
sido plenamente consciente ( ohhhhh mi parte zen) de que los
sentimientos afectan a nuestro físico, que nuestras células
reaccionan ante el enfado, la ira, el rencor, la tristeza... He
podido sentir en mis carnes ( o en lo que quedan de ellas) como
algunas partes de mi cuerpo se contraían, como se creaba tensión,
como otras se ponían en alerta. Y eso, señores míos, nos guste o
no, tiene que tener consecuencias.
No es culpa de tu marido que
te ha hecho o dicho nosequé, ni de tu pesada madre, ni de tu amigo
impertinente, o tu jefe cabrón, ERES TU, el problema está en ti, o
en este caso, en mi.
No es lo que me hacen o dicen,
es como yo gestiono esa información, como dejo que me afecte, como
no soy capaz de controlar mis emociones, MIS EMOCIONES, leches, que
no son las del vecino, que no tendría que ser tan complicado.
También deciros, queridos
míos, que lo estoy trabajando. Quizás no tanto ni con la intensidad
que debiera, pero tengo demasiados frentes abiertos como para
centrarme únicamente en uno, y mi prioridad es recuperarme y dormir
8 horas diarias ( jajajaja). Algún día espero conseguirlo. Lo de
las emociones digo. Bueno, y lo de dormir 8 horas diarias.
Uhhhhhhhhh, 11 minutos menos
de sueño!!!! No pot ser!

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