Vuelta
a empezar. No puedo pensar, simplemente me invade esa horrible
sensación de déjà vu, que me acompaña desde el día de la
biópsia. Se lo que toca ahora: dolor, sufrimiento, tristeza,
frustración, enfado,.... Y aún no me he recuperado de la primera
vez, sigo agotada y con varios efectos de la quimio, como me voy a
afrontar a otro cáncer?
Lo
primero la operación: una mastectomia con recontrucción, y
reducción del otro pecho. 2 de marzo de 2015, el día antes de que
mi hija cumpla 10 años. Entro a quirófano bajo la presión de que
como me pase algo, le jodo a mi hija el resto de sus cumpleaños.
Tócate los huevos!
La
operación va bien, y la recuperación, aunque dolorosa, fisicamente
parece ir bien. Llevo un drenaje que es incomodo de narices. Como cada vez que me han operado, me toca enfrentarme al espejo. Lo odio, con todas mis fuerzas. Me pongo delante y miro. Es horrible, deforme, con hematomas, parece que la haya hecho mi hijo Bruno con plastelina. Me dicen que cambiará, que será bonita. Venga no me jodas! Jamás volverá a ser bonita, porque es, o ha sido, un pecho enfermo. Me pongo a llorar, sola, delante de mi enemigo, el espejo. No se como explicar la tristeza, el vacio, la pena que siento en ese momento.
A partir
de ahí, y sin una explicación aparente ( a parte de que estoy
pasando por el segundo cáncer, claro) entro en una espiral de
tristeza, aislamiento, pena, dolor, … Durante más de un mes, salgo
de casa únicamente para ir al hospital y no me relaciono con nadie
que no sea de mi familia. No contesto al teléfono, ni a los
whatsapp, ni a los mensajes, y si lo hago, es tarde. No tengo ganas de que me consuelen, porque nada me consuela. Lo único que me llena es el abrazo de mis hijos, su ternura al mirar a su madre enferma. Porque os aseguro que mis hijos han sido ( y son) muy conscientes de la enfermedad de su madre, y esa preocupación, esa pena, se les refleja en la mirada cuando me acarician la cara y me dicen que me quieren.
El
pecho me da todos los problemas del mundo, se me abren los puntos, y
hay un rechazo a la prótesis. Vamos a dejarlo ahí, porque si entro
en detalles alguien vomita, o se marea, que ya me ha pasado.
Entre
toda esta mierda, empiezo con la quimioterapia: 12 ciclos, uno por
semana. Caída del pelo, entumecimiento de pies y manos, sequedad en
la piel,hinchazón por la cortisona, dolor en las uñas, y poco más ( jajajjajajaja).
Finalmente
el cirujano decide quitar la prótesis y seguir conservando la piel y
la aureola. La cicatriz no se cierra. La cosen y vuelven a coser,
pero se niega a cerrarse. Me tendrán que volver a operar, para
intentar cerrar la herida. Le suplico al cirujano que se deje de
conservar y corte por lo sano. Le cuesta, pero después de pedírselo
mil veces, accede a dejarme mastectomizada.
Y
así he estado un montón de tiempo, con una herida abierta en mi
“pecho”, con una infección de dos “bichos” con nombres super
guays, aguantando la puta quimio, e intentando llevar una vida, ya no
normal, simplemente una vida.
Deciros
también, para ser sincera, que no lo he conseguido, que soy una
sombra de la mujer que he sido siempre, que estoy triste, desolada, y
no se como remontar.
Que
mi vida desde el 2 de marzo ha cambiado, a peor, a desastre absoluto.
He estado condenada a subir al hospital prácticamente a diario
durante como mínimo un mes, analíticas, antibióticos, cortisona,
quimioterapia, dolor, dolor, dolor, y más dolor.
Pero
claro, “tu eres fuerte, tu puedes con todo, lo has superado una
vez, puedes volver a superarlo”. Sabéis que os digo? A la mierda
con estas frases, a la mierda! No soy fuerte, no me quedan más
cojones, no puedo con todo, y para muestra como estoy, y si, por
supesto, lo superaré, porque no voy a dejar que esta puta enfermedad
de mierda me quite la vida, pero jamás olvideis una cosa: se paga un
precio, no es gratis. Y a veces el precio es elevado.

